| Resumen: |
La agitada vida política ecuatoriana de los últimos veinte años ha oscilado entre lo trágico y lo absurdo, lo áspero y lo grotesco; su gris monotonía podría quedar comprobada con la escueta enumeración de los nombres de aquellos imperturbables políticos que, como muñecos porfiados, no se han resignado a caer definitivamente. Pero estos veinte años tienen también un registro diferente: el humorístico, expuesto una y otra vez en los escenarios de las ciudades y de los pueblos ecuatorianos, por un singulas personaje, en el cual se han visto encarriados los sufridos ciudadanos de este páis: Evaristo. |