Resumen: |
En el simple enunciado de su título, La tía Julia y el escribidor anuncia su rigurosa y simétrica estructura, desarrollada en dos niveles que corren paralelos en perfecta alternancia. Por un lado, la tía Julia, esto es la relación afectiva que pasará a ser amorosa del joven narrador -, el futuro escritor en ciernes- en la Lima de los años cincuenta; por otro, y a modo de contrapunto a la vocación literaria de aquél, las aventuras urdidas por el Pedro Camacho, autor de seriales de radioteatro, en los que una manipulación delirante de la infracultura hispánica, llevada al paroxismo de la más grotesca truculencia por el progresivo deterioro mental de su autor, bombardeará desde las regiones plutonianas de la aberración intelectual los ideales flaubertianos del adolescente que es perplejo espectador -y, finalmente, incluso inesperado sustituto temporal- de la actividad del folletinista de las ondas. La tía Julia y el escribidor se nos aparece como el relato de una que es a la vez el aprendizaje de la vida, el del oficio de escritor y el de los sentimiento adultos y el desarrollo de la propia personalidad en una sociedad concreta cuyas coordenadas se sitúan con certerísima precisión. |